lunes, 26 de abril de 2010

REAL TIME, NEUROSIS TELEVISIVA

Si el zapping aparecía como un síntoma de la ansiedad y el nerviosismo absoluto en la vida cotidiana contemporánea, esta herramienta es un indicador de la tensión de la sociedad competitiva: exigencia de resultados exitosos en el corto plazo, prioridad por el mercado antes que por la responsabilidad social y ansiedad por aniquilar al competidor a cualquier precio.

En realidad, el clásico sistema denominado people meter –un aparato símil control remoto instalado en los hogares en los que se realizan las mediciones- siempre permitió conocer cada movimiento de audiencia, zapping incluido. Sólo que esa información recién se podía obtener al día siguiente, cuando los gerentes de programación evaluaban las planillas con los porcentajes que había arrojado el rating.

Como si las viejas mediciones de audiencia no fueran lo suficientemente crueles como para alimentar la guerra por el liderazgo de audiencia, la nueva herramienta es un verdadero tester de la adrenalina de productores y programadores del medio televisivo. Hoy no basta con obtener un punto más de rating. El costo es canibalizar al otro: levantar una entrevista que no mide, extender hasta el absurdo segmentos de programas y modificar rutinas sobre la marcha en pos de la tiranía del número (Longo 2006). “Los programas se hacen con un ojo en el estudio y el otro en la computadora que da el Real Time –sentenció López Masía, un productor de noticias de TV- Así te enteras si lo que haces gusta o no, y si es así, si se cae la medición, lo cambias al instante. Se terminaron los guiones, ahora se produce en tiempo real” (Luque 2006).

El Real Time es una herramienta mucho más apta para los programas de entretenimiento en vivo, pero sus consecuencias aparecen como más críticas cuando se lo aplica a contenidos más sensibles, como la información. Esto acaso sea posible, en gran parte, porque esa información tiende cada vez más a ficcionalizar la realidad, es decir, a espectacularizar sus contenidos, con técnicas y efectos acordes a la estética del mercado. Dejarse llevar por el “minuto a minuto” en los programas de noticias plantea un riesgo: apelar al morbo en detrimento de temáticas de interés social más significativas. Las notas de color amarillo y rosa están seguramente en la grilla de salida, prontas a auxiliar al rating cuando la medición flaquea.

El “minuto a minuto” obliga a espiar al Otro, aunque no con la pasividad del voyeur que se solaza fisgoneando tras la cerradura, sino con la secreta obsesión de especular con su juego, doblegarlo y redoblar la apuesta. Ciertas estrategias tienen como único fin destruir al otro, quitarlo del juego: correr horarios, cambiar abruptamente la programación, especular con los contenidos, etc.- “Ahora la competencia es más cruel, más impiadosa –insiste López Masía-, nadie se preocupa por quedar bien, lo único que importa es que no se caiga el rating. Hoy nadie se puede esconder detrás de un número”.


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